La homogeneidad de la doctrina (1)

1. Homogeneidad. Como “libertad religiosa” es un concepto análogo, no unívoco, una expresión plurivalente, sobre una realidad compleja, la ausencia de oposición lógica que he explicado antes cumple sólo uno de los criterios clásicos de homogeneidad y además limitado a un punto: la definición del derecho. Pero las condenas a las libertades modernas no se limitaron a la definición sino que se las reprobó por su naturaleza (libertades morales), fundamento (el indiferentismo religioso) y límites (insuficientes, fruto de una concepción naturalista, liberal, etc.). A lo que se agrega el tema de la confesionalidad católica del Estado. De estos cuatro puntos se ocupó el P. Victorino. Pero la DH dice muchas más cosas.

Aunque no estamos en terreno propiamente dogmático habría que aplicar por analogía, y con las debidas adaptaciones los criterios sobre el desarrollo dogmático a la DH. ¿Qué entendemos por desarrollo homogéneo? ¿Qué condiciones debe reunir una novedad para que pueda considerarse en continuidad con la doctrina precedente? Probar la continuidad de la DH con el magisterio precedente significa demostrar la homogeneidad del desarrollo doctrinal en todas y cada una de sus partes. No he encontrado ningún autor que se ocupe de analizar la homogeneidad de todo el contenido de la DH.

2. Diversidad de elementos contenidos en la declaración. El documento es una amalgama de elementos distintos, que para mí pueden ser de las siguientes clases: 1) enseñanzas doctrinales (Ej.: A es B); 2) argumentos para justificar esas enseñanzas doctrinales (Ej.: A es B, porque lo dice la Escritura); 3) aplicaciones prudenciales de las enseñanzas doctrinales (Ej.: A es B, y en determinadas circunstancias, eso requiere C); 4) argumentos para justificar esas aplicaciones prudenciales (Ej.: conviene C, en el actual contexto); 5) exhortaciones pastorales o simples consejos; 6) juicios de hecho. Estas distinciones no son innecesarias: uno de los miembros de la comisión redactora del documento dijo que los argumentos bíblicos para justificar la afirmación del derecho no eran vinculantes, ni fueron aprobados como tales por los Padres conciliares; sólo la afirmación del derecho es vinculante…

El P. Victorino y otros autores se han concentrado sólo en algunos núcleos doctrinales de la DH para tratar la continuidad con el magisterio anterior. La tarea pendiente es clasificar cada una de las partes de la declaración conciliar para determinar así su valor. Pienso que es un paso previo a la demostración de la continuidad de todo el documento.

3. ¿Infalibilidad en la DH? Me lo he preguntado alguna vez. Por supuesto que no me refiero a todo el contenido de la declaración sino a puntos doctrinales que habría que formular como proposiciones y que podrían pertenecer al magisterio definitivo de la Iglesia. He pensado en cuatro puntos: 1) la incompetencia directa del Estado en cuestiones religiosas; 2) la consiguiente limitación de los poderes coercitivos al bien común; 3) la incoercibilidad del acto de fe; 4) un derecho de inmunidad de coacción limitado por definición (DH, 2). Los tres primeros no traerían dificultad. El cuarto podría ser un baldazo de agua fría para muchos… De todas formas la infalibilidad habría que entenderla estrictamente: en la proposición “todo ser humano tiene derecho a la inmunidad religiosa subordinada al bien común” no puede haber error. Si el bien común de la sociedad medieval exigía inquisición para los herejes y gueto para los judíos, la proposición fue verdadera en esa época; y si el bien común de hoy no exige tales coacciones religiosas, la proposición sigue siendo verdadera.

4. Valor magisterial. Este tema no ha sido tratado por el fraile Victorino Rodríguez. Jiménez Urresti esbozó una explicación en 1967 que conserva validez y puede ser útil. En una próxima entrada voy a copiar sus reflexiones.

2 comentarios to “La homogeneidad de la doctrina (1)”

  1. theeremita Says:

    Martín Ellingham,

    Algunas notas, siguiendo su numeración:

    1. Quisiera detenerme en una de sus preguntas: ¿Qué condiciones debe reunir una novedad para que pueda considerarse en continuidad con la doctrina precedente?. Aquí me parece importante la perspectiva de la teología dogmática: Las proposiciones doctrinales que no son definitivas pueden cambiar. Así se demostrase que en tal o cual punto de Dignitatis Humanae (o del Concilio Vaticano II) no hay “continuidad”, en la medida en que ese punto no contradiga Verdades reveladas o definitivas, dicha “ruptura” no lesionaría (por definición) la Fe de la Iglesia.

    Y en esto prescindo de analizar el grado de certeza teológica de los pronunciamientos previos, y la continuidad del magisterio posterior con ellos… simplemente me parece que es importante tenerlo en cuenta, de modo de no darle a la cuestión de la continuidad (o falta de ella) un valor excesivo.

    2. Coincido con usted plenamente en este punto: solo se puede demostrar la continuidad en sentido estricto si se reduce la declaración a proposiciones concretas y sintéticas. Luego debe hacerse lo mismo con aquellos puntos del magisterio previo en los cuales se “sospeche” que hay contradicción.

    3. Cuestión interesante, pero creo que no se podría armar un caso fuerte en favor del carácter ni siquiera “definitivo” de la DH en cuanto acto magisterial. Con respecto a los cuatro puntos que usted marca, mi análisis es resumidamente el siguiente:

    Incompetencia directa del estado en materia religiosa y consiguiente limitación de poderes: Aquí podría hablarse sin dudas, por lo menos de una “sententia communis”. Thomas Pink documenta muy bien las opiniones teológicas a este respecto desde Trento hasta el s.XIX. Además, un argumento indirecto pero innegable en favor de esta postura es que tanto el Magisterio como los teólogos, desde Santo Tomás hasta Ottaviani, unánimemente mencionan siempre el uso de coerción sobre no bautizados como un recurso “defensivo”, algo que no puede ni debe usarse si no hay una acción previa que suponga un peligro u obstáculo para la Fe, implique una lesión al bien común, o constituya una trasgresión al derecho natural.

    Incoercibilidad del acto de fe: San Agustín, Santo Tomás, numerosos concilios, León XIII, el Concilio Vaticano II… pocas dudas pueden tenerse acerca de su carácter, por lo menos, definitivo.

    Derecho a la inmunidad de coacción: Yo hablaría de una sentencia común… el testimonio del magisterio post-conciliar es muy fuerte, pero de todos los autores que hemos consultado, ninguno niega a priori este derecho. Eustaquio Guerrero llega a decir que “la Iglesia nunca lo ha negado”. Mons. Dupanloup refutó a quienes sostenían que Quanta Cura condenaba esta postura, y su interpretación de esta encíclica fue “bendecida” por Pío IX.

    En definitiva, salvo la incoercibilidad de la Fe, el resto de los elementos doctrinales que usted menciona no califican para tenerlos por definitivos (dicho de otra forma, algo cuya negación haría imposible la comunión de Fe con el resto de la Iglesia). Pero habiendo tanta evidencia teológica en su favor y, lo que es más importante, habiendo el Magisterio promulgado estas doctrinas de forma “ordinaria”, razón por la cual se les debe obsequio religioso, uno debería tener un caso muy fuerte como para permitirse adoptar una postura de disenso.

    4) Mis notas en los comentarios de la siguiente entrada.

    Un gran saludo,
    El Eremita.

  2. martinelling Says:

    Eremita:
    1. En general de acuerdo. Aunque más que de “continuidad” tal vez debí hablar de “homogeneidad” para referirme a lo precedente secular y reiterado (el ya recordado deber –no absoluto- de intolerancia religiosa; las condenas a las libertades modernas desde Pío VI).
    2. Pleno acuerdo.
    3. En general de acuerdo. La incompetencia directa del Estado en materia religiosa creo que se desprende de datos dogmáticos sobre el fin de la Iglesia.
    Saludos

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