Estado confesional (3): los límites a la libertad religiosa en el Estado católico

Creo que la DH no prohíbe la confesionalidad católica del Estado pero su redacción ha contribuido a oscurecer la tesis tradicional de la doctrina católica. Ciertamente la Comisión redactora reconoció ante las objeciones de varios Padres conciliares que: “Si se plantea bien la cuestión, la libertad religiosa no se contradice con el concepto tradicional del llamado estado confesional. En efecto, el régimen de libertad religiosa (…) no prohíbe que la religión católica sea reconocida por derecho público humano como religión común de los ciudadanos en determinada región, o que la religión católica sea declarada por derecho público religión del Estado…“. Y es verdad que ningún documento del magisterio post-conciliar permite sostener la tesis de la prohibición en el plano de los principios. Antes de la DH, hubiera sido posible que, por efecto de la generalización de las situaciones de hipótesis, se declarase que el Estado católico no es  oportuno en las actuales circunstancias. Pero tal cosa no se ha hecho con claridad después del  último Concilio.

Hay una objeción de importancia: luego del Vaticano II la Santa Sede alentó la supresión de los estados confesionales católicos (Colombia, Italia, España, etc.) como aplicación de la innovación doctrinal. A lo que puede responderse que: “…el Estado católico continúa siendo un ideal después del Vaticano II, como lo era antes del concilio, pese a las escasas posibilidades de realizarlo en el mundo libre de hoy…” (Cfr. MOSTAZA RODRÍGUEZ, Antonio, en VV. AA.,  ESTUDIOS JURIDICOS EN HOMENAJE AL PROFESOR SANTA CRUZ TEIJEIRO, Universidad de Valencia, 1974, p. 107). Es decir, que el cambio en la praxis concordataria obedece a una mutación de las circunstancias, que es de tipo prudencial, derivado de la universalización de la hipótesis y no a un cambio en la doctrina. Pero hay que reconocer que hasta el momento no hay explicaciones magisteriales claras sobre este punto lo que sumado a la praxis concordataria post-conciliar y a la opinión de  casi totalidad de los obispos y tratadistas que se ocupan del tema, llevan a pensar que se ha operado un cambio doctrinal heterogéneo.

En esta entrada que dedico a comentar el último artículo del P. Victorino, hay que plantear el siguiente problema: de acuerdo con el n. 6, c de la DH, las religiones no estatales (por ejemplo, el catolicismo en Inglaterra) deben gozar de libertad privada y pública y el poder estatal no debe reprimirlas en sus manifestaciones normales. Pero en el supuesto de la confesionalidad estatal católica, no sólo por las razones sociológicas comunes, no específicamente religiosas, sino en virtud del deber natural y divino-positivo de profesar la religión Católica, tal como está ratificado en el n. 1 de la DH, ¿tiene el Estado Católico el deber de reconocer plena libertad privada y pública a las comunidades no católicas? En la opinión del dominico no se da tal deber, correlativo a un estricto derecho de tales comunidades a la no coerción pública(dando siempre por ilegitima y antinatural la coacción religiosa propiamente dicha), puesto que la no permisión de cultos públicos acatólicos es consecuencia del derecho y del hecho de la confesionalidad estatal católica. En otros términos, la autorización del culto público acatólico dentro de un Estado Católico no puede ser más que una transacción, una permisión o tolerancia. Aunque el fraile no lo explicita, tomando las categorías limitantes de la inmunidad religiosa de la DH, habría que suponer que el no reconocimiento del culto público no católico se funda en el derecho de los católicos a una pacífica posesión de su fe y en las exigencias de la moralidad pública de evitar conductas peligrosas para la fe católica.

Sinceramente, esta opinión del P. Victorino que vuelve a centrar el problema en las coordenadas de la tolerancia/intolerancia, no me parece bien fundada. Al menos no en un plano doctrinal y suponiendo que se acepta toda la DH.

Pienso que por motivos de tipo prudencial, la Iglesia considera que su bien común pide en el mundo de hoy cierta reciprocidad en la inmunidad de coacción religiosa, razón por la cual un hipotético Estado confesional católico no podría impedir las manifestaciones públicas no católicas con la misma intensidad que en el pasado. Hoy no sería conveniente una confesionalidad católica “a la Franco”…

En este punto me gustaría preguntarle cosas al autor si estuviera vivo.

2 comentarios to “Estado confesional (3): los límites a la libertad religiosa en el Estado católico”

  1. theeremita Says:

    Sinceramente ignoro los cambios que han tenido lugar en la praxis de los concordatos luego de DH. ¿Hay algún caso particular que sea un buen ejemplo como para evaluar?

    Con respecto al supuesto deber de un estado católico de reconocer plena libertad pública de las falsas religiones, podría hacerse el siguiente el siguiente análisis:

    -Desde el punto de vista doctrinal, dado el ya mencionado por usted “cambio de signo”, el estado que quisiese impedir tal o cual manifestación pública de una falsa religión, debería demostrar que el acto a ser impedido es peligroso para la Fe, teniendo también en cuenta la “regla” “in dubia pro libertate”. Digo más, creo inclusive que tal juicio no corresponde al Estado sino a la Iglesia, asumiendo que la autoridad coercitiva en esta esfera es de esta ultima y no del primero, poseyéndola este solo de manera mediata y delegada.

    -Desde el punto de vista prudencial, concuerdo plenamente con usted: el caracter “no específicamente católico” de DH responde a un cambio de actitud prudencial de la Iglesia, a saber, de pararse frente a los estados en una actitud de reciprocidad. Esto me parece muy sabio, de cara en ese entonces a los regimenes totalitarios, y de cara hoy en día a los estados islámicos.

    Le envío un muy cordial saludo.

    • Martin Ellingham Says:

      Eremita:

      Los cambios en los concordatos y reformas constitucionales post-conciliares han sido casi todos en el sentido de abandonar la confesionalidad católica de los estados. Como no se trata de actos propiamente magisteriales podría decirse que los cambios se deben a que la Santa Sede considera que en la actualidad los estados confesionales no son viables, y que por efecto de la descristianización de las sociedades, se corre el riesgo de graves inconsecuencias que den lugar a estados sólo decorativamente católicos, que proclaman una confesionalidad meramente formal y al mismo tiempo legislan y gobiernan contra el orden natural y cristiano. La provincia de Santa Fe (Argentina) es formalmente confesional (la “religión del Estado” es la católica, de acuerdo a la constitución) pero legisla y gobierna en clave pagana desde hace tiempo, singularmente desde que los socialistas están en el gobierno.

      La praxis concordataria post-conciliar podría compararse con un médico que constata determinados síntomas y emite un pronóstico terminal para el paciente o redacta un certificado de defunción. Pero también, en algunos casos como el de España, uno se pregunta si no aplicaron eutanasia al paciente.

      Sobre el cambio de signo, haré una entrada a aparte.

      Saludos.

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